Muchas veces nos cuesta contar nuestra verdadera historia porque muchos creen, en el mejor de los casos, que se trata de una leyenda marketinera inventada, pero la verdad es que en la historia de Anaconda la realidad supera a la ficción. Antes de crear esta marca crucé África por tierra desde el Cairo hasta Ciudad del Cabo, el Atlántico en un velero de escasos doce metros de eslora y viví mil aventuras. Y sí, tuve un encuentro fortuito y peligroso en medio de la selva amazónica con una gran anaconda.

Pero más allá de búsquedas personales a través del viajar, Anaconda es un grito contra la industria de los snacks poco saludables, con publicidades engañosas y diseños propios de un museo de antigüedades.

Con nuestra marca, productos y comunicación, pretendemos que pronto las estanterías de los supermercados estén repletas de snacks que le hagan justicia al consumidor del siglo XXI.



Desde la búsqueda de ingredientes, hasta el desarrollo de un nuevo producto que mejore los nutricionales de los snacks existentes. Desde el diseño del mínimo detalle de una esquina de una de nuestras cajas, hasta el matiz del color de uno de nuestros diseños únicos. Desde el cuidado del proceso productivo utilizando energías renovables, hasta nuestro énfasis en añadir productos de la agricultura ecológica. En cada gesto con nuestros proveedores y clientes, en cada foto y video, en cada mensaje, siempre, siempre, siempre, todo nuestro AMOR. Siempre, siempre, siempre, toda nuestra dedicación para poder afirmar con seguridad que en Anaconda hacemos el amor y no snacks.